contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

miércoles, 24 de octubre de 2007

Un fracaso la fumigación colombiana de hoja de coca, dicen campesinos colombianos

La política de fumigación de cultivos ilegales en Colombia resultó ser un fracaso ya que, pese a la millonaria inversión, los resultados están bajo lo esperado y se perjudicó a miles de labriegos, aseguró una asociación campesina.

El vicepresidente de la Federación Sindical Agropecuaria (Fensuagro) de Colombia, Huber Ballestero, indicó en entrevista con Notimex que "la política antidrogas de Estados Unidos en Colombia lleva 30 años y aún no ha podido acabar con el narcotráfico".

Aseveró que la actual estrategia contra el tráfico de drogas es errónea porque destinó la mayor parte de los recursos del Estado colombiano y de la ayuda estadunidense a atacar los cultivos ilícitos, lo cual afectó a los campesinos y no al narcotráfico.

Los campesinos colombianos y varias organizaciones internacionales han señalado además que el producto químico usado en las aspersiones, Glifosato, está muy cuestionado por sus efectos secundarios en los seres humanos y el medio ambiente.

Además de los labriegos, las autoridades ecuatorianas han reclamado de manera formal a sus pares colombianos por la fumigación con ese químico en la frontera ya que generaría daños a la salud de las personas y al ambiente.

"Las fumigaciones con Glifosato llevan a un incremento del cáncer gástrico, la irritación en las mucosas, alteraciones en la sangre, reducción del contenido de oxígeno y daños neurálgicos", explicó el dirigente de los campesinos.

Ballestero sostuvo que estudios conocidos por Fensuagro, que reúne a unos 80 mil campesinos, indican que el químico tendría una alta capacidad de disolución en el agua, lo que le permitiría recorrer sin problemas hasta 10 mil kilómetros.

Indicó que, luego de casi una década de inversiones por un total de seis mil millones de dólares, los cultivos ilegales en este país siguen creciendo y las huellas de la fumigación y la guerra contra el narcotráfico permanecen visibles, sobre todo en los campesinos.

Colombia y Estados Unidos crearon a mediados de la década pasada el llamado Plan Colombia mediante el cual se intensificó la histórica cooperación de la nación estadunidense con este país sudamericano en la lucha contra el narcotráfico.

Esa estrategia contra el tráfico de drogas estableció que como componentes centrales de la política estarían la erradicación de los cultivos ilícitos, la interdicción de los cargamentos de droga y la inversión social en zonas afectadas por el flagelo.

Este país sudamericano es el principal productor y exportador de cocaína del mundo, con cerca de 670 toneladas anuales de droga, precisaron estudios de Acción Andina, una Organización No Gubernamental (ONG) que monitorea el narcotráfico en la región.

Colombia llegó a tener cultivos ilícitos en 200 mil hectáreas de terreno en diversas partes del país, aunque según estadísticas oficiales ahora habría unas 90 mil.

Pese a la férrea oposición de los campesinos e indígenas a la fumigación, el ministro colombiano del Medio Ambiente, Juan Lozano, sostuvo que el gobierno mantendrá esa política por la extensión de los cultivos y además reforzará la erradicación manual.

El vocero de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), Luis Evelis, aseguró por su parte a Notimex que el problema del narcotráfico no se encuentra en este país sudamericano sino "en las propias entrañas del consumo norteamericano".

"Mientras exista consumo seguirá existiendo cultivos ilícitos, así fumiguen todo lo que quieran", dijo Evelis, quien realizó un llamado al gobierno del presidente colombiano Alvaro Uribe Vélez para que llegue a una concertación con los cultivadores.

Agregó que "sería preferible" que Colombia busque alternativas para que los campesinos no tengan que dedicarse a los cultivos ilícitos, como por ejemplo capacitar e invertir para que cultiven productos legales que le ayuden a subsistir.

Evelis advirtió que, de lo contrario, los líderes del narcotráfico seguirán desplazando los cultivos de un lugar a otro para esquivar la fumigación "y el problema continuará indefinidamente, perjudicando la salud y la economía de los pobres".

"Las organizaciones populares nos oponemos a las fumigaciones forzadas y aéreas porque afectan el medio ambiente, la salud de la población, contamina las aguas y daña los cultivos básicos de los campesinos", apuntó.

Según estimaciones de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en el mundo existen unos 200 millones de personas que consumen drogas, lo que convierte a los cultivos ilegales en un importante negocio para los narcotraficantes.

Según la ONU, unos 161 millones de personas consumen cannabis (marihuana) cada año, mientras que 26.1 millones ingieren anfetaminas.

Luego se ubican los consumidores de cocaína (13.7 millones), de heroína (10.6), éxtasis (7.9) y drogas derivadas del opio (5.3).

Fuente: La Crónica

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