martes, 04 de septiembre de 2007
Mil colombianos llegaron a San Lorenzo por la guerra
Autoridades del cantón y otras organizaciones establecieron los albergues temporales. Foto:EL COMERCIO
Andrés Jaramillo. Enviado a San Lorenzo
La muerte de su hijo, mientras intentaba escapar del conflicto armado en Colombia, fue la primera noticia que recibió Gloria Penna, al llegar ayer a la ciudad de San Lorenzo, al norte de Esmeraldas.
La mujer, de 53 años, no pudo contener el llanto. Su esposo trataba de consolarla sin éxito, mientras la noticia la desmoronaba física y anímicamente. Por eso, el personal de la Defensa Civil le dio los primeros auxilios para evitar que pierda el conocimiento.
“Solo tenía 16 años y se quedó en nuestra casa para traer algo de ropa, antes de que se inicien los enfrentamientos”, alcanzó a expresar la mujer. Ella llegó al cantón fronterizo junto a unos 1000 colombianos, que escaparon de los cruentos combates que se producen entre la guerrilla y los paramilitares, en Nariño.
Luego de superar el ‘shock’, Penna decidió volver a su hogar en el departamento de Caquetá. Decía que tenía que recuperar el cadáver de su único hijo varón.
Estaba convencida de realizar el viaje a Colombia, a pesar de que sus coterráneos le advertían de los enfrentamientos. Le pedían esperar hasta que se escuche alguna noticia de que la paz volvió.
Sin embargo, nada hace prever una solución inmediata. Ayer en la tarde, las autoridades locales informaron que se espera la llegada de otros 500 refugiados. Además, dijeron que el periplo de los colombianos empezó hace tres días, cuando escucharon “que habría un choque entre insurgentes y militares colombianos”.
“La información que se regó en el pueblo fue que el Ejército Nacional iba a erradicar las plantaciones de coca de forma manual. Como esa zona es controlada por la guerrilla ellos no lo iban a permitir”, contó Julia P.
Por eso, decidieron buscar una zona más segura. Según la Defensa Civil y la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los refugiados (Acnur), cerca del 95 por ciento de los desplazados son mujeres y niños menores de 12 años.
Las mujeres que llegaron a San Lorenzo contaron que los hombres se quedaron en las comunidades: unos lo hicieron para cuidar sus pertenencias y otros, especialmente los más jóvenes, fueron obligados por la guerrilla.
Pero no todos los pobladores fueron informados a tiempo de lo que iba a ocurrir. Gerina Londoño aseguró que solo tuvo unos cuantos minutos para salir de su casa, antes de los combates.
“No tenemos ropa, comida ni dinero. Agarramos a nuestros hijos y salimos con lo que teníamos a mano. Yo vine con mis cuatro hijos; el último apenas tiene tres meses de nacido; lo único que deseo es que no se me enferme”, comentó.
Desde ayer, el Acnur y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) movilizaron a su personal para atender a los desplazados. Ellos repartieron colchones, víveres de primera necesidad, cocinas y utensilios, pero la cantidad no alcanzó para todos.
Además, en coordinación con autoridades del cantón se improvisaron cinco refugios y están organizando otros cuatro. Uno de ellos se encuentra en la iglesia de San Lorenzo. En ese lugar, los refugiados se organizaron para enfrentar la situación. Ellos se dividieron en comisiones para cuidar a los niños, preparar alimentos y recibir a los nuevos refugiados, que seguían llegando a San Lorenzo en camionetas.
La mayoría pertenece a las comunidades El Dorado, Alto Mataje, Puerto Rico, Vaya Viendo, Mar del Plátano, El Pan, y Ventanilla. Las poblaciones están aproximadamente a dos horas de recorrido, a pie, de la frontera con Ecuador.
En la zona de Mataje, que colinda con nuestro país, se concentra gran cantidad de plantaciones de hoja de coca, que son cultivadas por los propios campesinos que llegaron a San Lorenzo. “Nosotros nos dedicamos a cultivarla, porque no tenemos fuentes de trabajo. Es lo único que podemos hacer allá para conseguir que comer”, afirmó Londoño.
Estos campesinos aseguraron además que reciben un millón de pesos colombianos por cada kilo de hoja de coca que entregan a la guerrilla. Esto representa, aproximadamente, unos USD 400 dólares. Esta suma la reciben cada tres meses, que es el lapso promedio de cosecha de la hoja de la coca.
Por eso, muchos campesinos defienden su actividad y cuestionan las acciones que impulsan las autoridades del Gobierno colombiano. Para ellos, la erradicación de la hoja de cosa representa quitarles su sustento de vida. “Nos quitan nuestro dinero pero no nos dan alternativas para tener ingresos económicos. El resultado está a la vista: en este refugio ya casi no cabemos los desplazados”.
La seguridad se reforzó
Según un informe militar al cual tuvo acceso este Diario, los enfrentamientos en el sur colombiano fueron entre Ejército de Liberación Nacional (ELN), el bloque 49 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
El combate se desarrolló en el sector de El Pan, a unos a 32 kilómetros del territorio ecuatoriano.
Para atender la situación en San Lorenzo, a las 13:30 de ayer, llegaron el viceministro de Defensa, Miguel Carvajal; el jefe de Comando Conjunto de las FF.AA., Héctor Camacho, y el jefe de la Marina, Homero Arrellano.
Los tres visitaron los albergues y realizaron una evaluación. Al final, se dispuso que se mejore el control en la frontera y en San Lorenzo. Para eso fueron enviados 1000 soldados a la zona.
Por su parte, el ministro coordinador de Seguridad Interna y Externa, Fernando Bustamante, pidió la ayuda internacional y de Colombia para atender la crisis.
Fuente: El Comercio de Quito
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