martes, 28 de agosto de 2007
A pala y mano Colombia busca exterminar hoja de coca
Después de una agresiva campaña de fumigación apoyada por Estados Unidos que se inició en el año 2000, cuestionada por ambientalistas por sus supuestos efectos nocivos para la fauna, la flora y la salud humana, Colombia anunció el mes pasado un cambio de estrategia en su lucha antidrogas.
Los aviones que descargan grandes cantidades del químico glifosato sobre regiones selváticas y montañosas cultivadas con hoja de coca, materia prima de la cocaína, reducirán sus actividades, mientras que aumentarán los ejércitos humanos que, pala en mano, se dedican a destruir los plantíos ilegales.
"Cada mata que se arranca, se está arrancando un problema," dice Gualtero, un campesino de 52 años, que huyó con su esposa y sus ocho hijos de una zona selvática del departamento del Caquetá azotada por la violencia de la guerrilla izquierdista y que admite que fue un pequeño cultivador de hoja de coca.
Ahora, vestido con un overol y gorra azul, botas de caucho negras y guantes amarillos, trabaja con cuatro de sus hijos de 18, 22, 24 y 25 años en un programa del Gobierno que busca destruir en forma manual los cultivos de hoja de coca en las montañas del departamento de Nariño, fronterizo con Ecuador.
"Hay gente que cree que solamente de esto se puede vivir, eso es mentira. Hay gente que se acostumbró a conseguir fácil la plata. Yo prefiero ser pobre y no tener este problema," dice el hombre mientras observa como sus hijos y otros erradicadores desentierran matas de hoja de coca bajo un ardiente sol.
El cambio de estrategia contempla reducir las fumigaciones e intensificar la erradicación manual en este país, el primer productor mundial de cocaína con 610 toneladas anuales y con 78.000 hectáreas de cultivos de hoja de coca al cierre del 2006, según Naciones Unidas.
CAMBIO DE ESTRATEGIA
La iniciativa del Gobierno del presidente Alvaro Uribe se produjo en momentos en que mantiene conversaciones con Estados Unidos sobre la nueva etapa del Plan Colombia y en que los demócratas plantean condicionamientos a la ayuda antidrogas.
Desde el año 2000 Estados Unidos ha entregado a Colombia más de 4.000 millones de dólares para combatir el narcotráfico que financia el conflicto interno de más de cuatro décadas que azota a este país de 42 millones de habitantes.
La estrategia se ha concentrado en una agresiva campaña de fumigación en la que se invierte alrededor de un 50 por ciento de la ayuda, de entre 600 y 700 millones de dólares anuales.
El propio Uribe admite que la erradicación manual genera menos resistencia entre las comunidades porque no produce efectos colaterales sobre cultivos lícitos de los campesinos y porque tiene mayor efectividad que las fumigaciones, debido a que los arbustos se arrancan de raíz.
"El presupuesto que se dedica a la aspersión y que se dedica a erradicación es inmensamente diferente," dijo Victoria Eugenia Restrepo, directora del Programa Presidencial Contra Cultivos Ilícitos.
"Hay una asignación de recursos muy alta para la aspersión y en lo que tiene que ver con la erradicación manual hay una asignación importante de recursos pero es toda del presupuesto nacional," precisó.
Colombia gasta entre 70 y 80 millones de dólares anuales en los programas de erradicación manual de cultivos ilícitos.
Restrepo reveló que actualmente trabajan en el país 92 grupos móviles de erradicación, cada uno conformado por 31 hombres, y que la meta es llegar a 140 en los próximos meses.
Cada erradicador gana 372 dólares al mes y cuenta con las garantías de seguridad social que establece la legislación laboral de Colombia.
En promedio cada grupo destruye 1,2 hectáreas de cultivos de hoja de coca al día, muchas veces en condiciones difíciles de seguridad, en medio de montañas inclinadas o del sofocante calor de la selva, y custodiados por policías fuertemente armados en prevención de ataques de la guerrilla izquierdista.
Seis campesinos que erradicaban en forma manual plantíos de hoja de coca en el sector de la Serranía de La Macarena, al sureste del país, murieron el año pasado al explotar una bomba sembrada por rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), una guerrilla que se financia del narcotráfico, según el Gobierno.
DEMANDAN MAS RECURSOS
Pese a las dificultades en el 2005 se destruyeron manualmente 33.000 hectáreas y en el 2006 la cifra ascendió a 42.000 frente a las más de 172.000 hectáreas que se fumigaron. Para este año la meta es destruir en forma manual al menos 50.000 hectáreas y aumentar la cifra en forma progresiva.
"La fumigación y la erradicación manual son estrategias complementarias, hay sitios donde podemos asperjar y hay sitios en donde no se puede asperjar y hacemos erradicación manual," dijo Restrepo.
La funcionaria sostuvo que la erradicación manual permite destruir semilleros y genera empleo a campesinos desocupados.
"Necesitamos mucho apoyo y más recursos (de la comunidad internacional)," admitió Restrepo.
Los erradicadores permanecen temporadas de 60 días en medio de la selva o de montañas viviendo en improvisados campamentos y durmiendo en carpas protegidas con plásticos negros para minimizar el impacto de las lluvias o del frío.
Algunos de los erradicadores, que caminan todos los días desde los campamentos en búsqueda de los cultivos, se quejan de las condiciones en las que viven, pese a los esfuerzos del Gobierno por mejorarlas.
"El trabajo es bueno, me ha gustado, pero estamos en condiciones infrahumanas, durmiendo en una carpa sin esteras, el pago es poquito," dijo José Jesús Ardila, un campesino de 48 horas mientras arrancaba arbustos de hoja de coca.
Analistas sostienen que los resultados de la erradicación manual a mediano y largo plazo no darán los esperados por la presencia de grupos ilegales armados como la guerrilla.
"Se retiran los erradicadores, se retiran las tropas de protección y se crean vacíos que nuevamente son llenados por los grupos al margen de la ley. Los esfuerzos del Estado serán importantes en la coyuntura, pero a mediano y a largo plazo serán un poco inútiles," dijo el analista Vicente Torrijos.
Por Luis Jaime Acosta
Fuente: Reuters













