El negocio de la coca no sólo se circunscribe a la economía del narcotráfico, millonaria por cierto aunque para beneficio de quienes comercializan su derivado, la cocaína, más que para los cultivadores de la hoja, sino que genera ganancias hasta para los encargados de incinerarla en virtud de convenios con la Embajada de los Estados Unidos, según informe de nuestro colega "La Prensa" de La Paz.
De acuerdo con la versión, en efecto, la población de Apacheta, en la provincia Tarata de este departamento, se dedica desde hace tiempo a la quema de la coca incautada por el Grupo Especial de Control de la Coca (GECC) en cantidades tales que permiten la obtención de considerable rédito, como el más reciente caso en que por dejar en cenizas 70 mil libras del vegetal, los comunarios del lugar, dotados de un horno de 250 metros cuadrados, percibieron 24.500 bolivianos.
En la misma tónica, otras comunidades de Cochabamba suelen también adjudicarse la quema de la coca incautada en todo el país y que es acopiada en Sacaba, en vista de que la práctica se ha convertido en una fuente de sustento que llama a competir y hacerse de los acuerdos con la legación diplomática norteamericana, añade el reporte, para concluir difundiendo otra novedad desapercibida en el ámbito local: en medio año el GECC decomisó un 77 por ciento más de coca ilegal que en similar período de la gestión 2006; es decir, prueba fehaciente del auge que se observa en las plantaciones del arbusto, al que debe añadirse el incremento en la elaboración de la droga, inclusive en zonas de reserva como el parque Isidoro-Sécure, donde en pasados días la Policía descubrió una bien instalada factoría.