También en nuestro país la derecha ha armado un escándalo a propósito de lo ocurrido en Venezuela con RCTV. Ignorándose que se trata de un asunto interno del Estado Venezolano, una orquestada campaña ha movido a una sola voz al diario “El Comercio”, Enrique Zileri, Jaime de Althaus, Aldo Mariátegui y “La República” que, esta vez se ha unido lastimosamente, al vocinglero cerco antichavista en un acto que sin duda Gustavo Mohme Llona habría rechazado.
Si quisiéramos hacer un paralelo con nuestra realidad bien podríamos imaginarnos al “Zar” de la TV peruana, Genaro Delgado Parker en una situación similar a la de los propietarios del Canal venezolano. Vencida la licencia para el uso del espacio, ¿habría tenido el Estado peruano la absoluta obligación de renovarla y hacer eso a perpetuidad? De no hacerlo ¿se habría cometido un horrendo crimen contra la libertad de prensa”? ¿Encarna realmente don Genaro la libertad de prensa y su “derecho” a perpetuar su señal en la TV es la garantía inequívoca del respeto a este sacrosanto principio? El derecho de nuestro pueblo a tener libertad de prensa ¿pasa necesariamente por el privilegio de don Genaro a tener bajo su férula la señal de propiedad del Estado?
Bien vale la pena responder a estas preguntas no sin dejar de recordar que no hace mucho en nuestro país. -y más precisamente en la región Ancash- fueron clausurados dos Canales de TV y 5 emisoras bajo el pretexto de “no tener licencia”. ¿Editorializó el diario Expreso repudiando la medida? ¿Derramó alguna lágrima la “chichi” Valenzuela en su “Ventana Indiscreta”, o la meliflua Rosa María Palacios balbuceó alguna protesta? Por supuesto que nada de eso ocurrió porque no es la libertad de prensa lo que interesa a la Clase Dominante y a sus áulicos, sino la libertad de empresa la que debe primar persecula seculorum en este martirizado país.
El informado periodista Ernesto Carmona, comentando el tema recordó que el gobierno de Margareth Thatcher canceló en tu tiempo la concesión de una de las más grandes estaciones de la TV inglesa argumentando que “había tenido ese derecho durante 30 años” y que medidas similares fueron adoptadas muchas veces por el gobierno de los Estados Unidos. Tampoco nadie habló en torno al tema que hoy se usa porque sirve no para enfrentar una medida, sino combatir a un gobierno al que temen dado que su ejemplo cunde en América Latina. Es el miedo a la Revolución Social el que los mueve, y la cacareada “libertad” no es sino el taparrabo que usan para cubrir sus impúdicas figuras.