Este martes 12 de junio se realizó en Montevideo un encuentro sobre las rutas del narcotráfico y sus posibles conexiones con Uruguay. Allí hubo varios expositores, entre ellos el experto Alain Labrousse, doctor en letras y sociología que ha trabajado como docente en América Latina, ha estudiado diversos fenómenos sociales de la región y desde principios de los 80 se centró en el estudio del contexto geopolítico de la producción de drogas. Explicó cómo suele ser este tráfico y cuál es la situación de Uruguay.
JUAN MIGUEL PETIT:
En estas horas se realiza en Montevideo un encuentro sobre las rutas del narcotráfico y sus posibles conexiones con Uruguay. Allí va a haber varios expositores, entre ellos el experto Alain Labrousse, un doctor en Letras y en Sociología que ha trabajado como docente en América Latina, ha estudiado diversos fenómenos sociales de la región, desde la aparición de movimientos sociopolíticos hasta los movimientos indígenas en los países andinos, y también el surgimiento de la guerrilla de Sendero Luminoso. Desde principios de los ochenta volcó su interés hacia el contexto geopolítico de la producción de drogas, dos elementos que hacen combustión frecuentemente en nuestra región.
En 1990 fundó el Observatorio Geopolítico de Drogas, que dirigió hasta el año 2000. Luego de un tiempo en el Laboratorio Francés de las Drogas y las Toxicomanías, trabaja como experto independiente y se vuelca actualmente sobre un punto de vista comparativo de la situación conflictual y sus relaciones con la droga en Afganistán y en Colombia.
Es realmente muy atractiva la temática que usted presenta. Muy atractiva y a la vez muy dramática. ¿Desde qué punto de la realidad analiza estos fenómenos?
ALAIN LABROUSSE:
En general la mayor parte de la gente cuando piensa en droga piensa en consumo, las madres se preocupan mucho; o en la represión policial, militar, etcétera. A veces se evoca el blanqueo de dinero pero nunca o casi nunca se sitúa el fenómeno en el plano de las relaciones internacionales, o sea la geopolítica en la lucha por el control de territorios y sus riquezas. Y justamente, la droga crece en un territorio, se transforma en laboratorios que están cerca de los cultivos y se lleva a través de rutas desde los países productores hasta los países consumidores. En todo este contexto hay conflictos entre fuerzas del orden, mafia, sublevados en armas, lo que implica negociaciones entre Estados, intereses económicos, intereses geoestratégicos, etcétera, y es ese contexto particular pero fundamental que yo trato en mi investigación.
JMP - Usted está estudiando dos realidades muy concretas, distantes, la de Afganistán y la de Colombia. ¿Ha sacado algún tipo de conclusiones o formulado algún tipo de leyes que permitan explicar estos conflictos en los cuales se mezclan tantos elementos?
AL - Colombia es el primer productor mundial de cocaína y Afganistán es el primer productor mundial de heroína. El primero produce 70% de la cocaína y el otro 90% de la heroína. Son dos países donde existe conflicto, en el caso de Colombia desde hace casi 50 años, y en Afganistán desde hace 30 años o más. Hay similitudes entre esos dos casos. Por otra parte, en los dos casos hay una intervención militar internacional, en el caso de Afganistán con liderazgo de Estados Unidos, y en Colombia Estados Unidos a través del Plan Colombia da cada año casi un millón de dólares.
La intervención norteamericana contra las drogas se produce masivamente en los dos países. El último punto de comparación es que ahora, como han fracasado las políticas en Afganistán, que cada año bate un nuevo récord de producción de opio, se va a aplicar la receta (fallida, por supuesto) del Plan Colombia, se piensa hacer fumigaciones masivas de los cultivos de amapola, algo a lo que hasta ahora los afganos se habían negado. Y hay cooperación policial, estuve en Afganistán hace poco y vino una delegación de policías colombianos a formar a los afganos, y en este momento hay afganos en Colombia para aprender del "éxito" colombiano.
JMP - El Plan Colombia es la posición extrema, la intervención extrema, militar, frente a la producción y la comercialización de la droga. Hay otras alternativas mucho más moderadas. ¿Cuál es el punto justo?
AL - La Unión Europea no aceptó participar en el Plan Colombia, ni en su aspecto pacífico (desarrollo alternativo, formación jurídica de los jueces, etcétera), para no avalar los aspectos militares. La Unión Europea financia lo que se llaman laboratorios de paz, o sea, iniciativas ciudadanas para encontrar alternativas no sólo a los cultivos ilícitos sino también a la violencia, a la guerra, etcétera. Es una alternativa que descansa más sobre la prevención, sobre iniciativas ciudadanas, sobre la búsqueda de la paz que sobre la guerra. Hay que decir que en los dos países, si no se soluciona el problema de guerra contra los alzados en armas, que se ve que no se puede solucionar militarmente, es difícil pensar que la droga vaya a desaparecer.
JMP - Antes del Plan Colombia hubo todo un proceso in crescendo, de aumento del problema y del fenómeno de la droga. En nuestras latitudes, en Uruguay, en los años ochenta prácticamente no existía la droga, ahora está instalada. ¿Cómo se detiene ese proceso? ¿Cómo se interviene antes de que se salga totalmente de cauce, dando argumento a intervenciones radicales, fuertes, militares, como el Plan Colombia?
AL - Hay las dos puntas, la producción y la acción sobre el consumo. El consumo es un problema económico, social, psicológico. En Uruguay el consumo de pasta base se produce principalmente en sectores marginados, en los asentamientos, etcétera, entonces hay que solucionar este problema. Desde el punto de vista de la producción, también hay que dar alternativas a los campesinos para que no se dediquen a estos cultivos que rinden más pero que son muy nocivos. Es interesante lo que está intentando Evo Morales en Bolivia, donde hay unas 12.000 hectáreas legales para el consumo tradicional de la población indígena, y unas 15.000 hectáreas excedentarias. Evo Morales está tratando de exportar una parte de la coca legal a los mercados de uso semilegal, como el norte argentino (donde consumen masivamente la hoja de coca masticándola), el norte de Chile y países que se declaran interesados en el té de coca (que en Bolivia se llama mate de coca), con lo cual incrementa las exportaciones, e industrializar los otros excedentes, porque la coca es muy rica en vitaminas, en sales minerales, en otros principios y ayuda a la adaptación a la altura, etcétera. Evo está recibiendo una contribución de 200 millones de dólares de Venezuela para hacer fábricas y transformar esos productos. Al mismo tiempo, lleva una política fuerte de represión al narcotráfico. Este año Bolivia ha batido los récord de decomisos de cocaína, etcétera. Y se ayuda a los campesinos bolivianos a encontrar alternativas en productos legales. Con todo esto se puede disminuir fuertemente la producción. Y eso va a repercutir en Uruguay, porque una gran parte de la pasta base viene a través de Argentina y de Paraguay.
JMP - ¿Cómo funciona la conexión uruguaya en esa ruta del narcotráfico? ¿Somos un lugar de pasaje, o un lugar de destino? Somos un mercado chico, pero que parecería que tiene su peso en la región.
AL - Uruguay está muy ligado a lo que pasa en Argentina. Argentina se ha convertido en una plataforma de tránsito, a España llegan toneladas que pasan por Argentina, y no sería sorprendente que por Uruguay pasaran cantidades menores, por cierto, a través del puerto de Montevideo. En España se ha decomisado cocaína que provenía de Uruguay, no grandes cantidades porque el puerto de Montevideo no tiene el tamaño del de Buenos Aires.
Uruguay también es un mercado de consumo y la pasta base vino después de la crisis. En Argentina antes de la crisis de 2000 había un fuerte consumo de clorhidrato de cocaína por parte de las clases media y media baja, pero con la crisis la gente no pudo comprar más el clorhidrato de cocaína, que es más caro, y empezó a consumir pasta base. Ese fenómeno pasó a Uruguay, la influencia y los contactos comerciales y económicos entre Uruguay y Argentina son un hecho conocido.
JMP - ¿Por qué existen las drogas?, ¿por qué existe esa necesidad de miles y miles de personas en todo el mundo de consumir sustancias que les producen ciertos efectos?
AL - Para evadirse de la realidad cotidiana. Los pobres porque sufren, cuando los niños de la calle no tienen droga esnifan pegamento, vapor de gasolina, etcétera, cualquier cosa, cuando hay necesidad. La gente de clase media o intelectual porque piensa que puede estimular su creatividad o su productividad. Y fundamentalmente por el miedo a la muerte, que concierne a toda la humanidad, inconscientemente las drogas son una manera de evitar mirar el final de la vida. Las drogas han existido en todas las sociedades y sería utópico pensar que van a desaparecer. Lo que hay que hacer es tratar de que sean lo menos dañinas posibles, sobre todo para los jóvenes, que no tienen la defensa, la capacidad de elección que tienen los adultos.
JMP - Usted ha visto nuestra realidad, hay lugares que se señala que son sitios críticos, ya sea para la comercialización o donde se genera violencia a partir del consumo o de la realización de delitos para obtener dinero para luego obtener las sustancias. ¿Cómo imagina esos laboratorios de paz, en la línea de trabajo de varios países europeos, funcionando en este medio? ¿Cómo son esos laboratorios de paz?
AL - Están en zonas rurales, se reúne la población de un pueblito en una zona importante como el Magdalena Medio, en Colombia, y la gente decide qué necesita (talleres de costura para las mujeres, desarrollo agrícola para los hombres, con tractores, etcétera), cada uno elabora su proyecto, que después es elegido por la población. Hacen presión porque son zonas donde hay grupos armados, tanto las FARC marxistas como las AUC de los paramilitares de extrema derecha, entonces la población trata de negociar con esa gente para que no se meta en su zona. Se había logrado algún éxito en ese sentido, pero siempre es muy precario.
Una institución como el Fondo Raúl Sendic, por ejemplo, está un poquito en esa onda, pero en Colombia cada laboratorio de paz (hay tres, creo) son 30 millones de dólares, es una escala muy importante. La Unión Europea tendría que hacer más inversión en Uruguay para desarrollar proyectos que puedan interesar a los jóvenes, pero es la población misma la que decide lo que quiere. Pedagógicamente ha sido positivo.
JMP - Esa onda tiene que ver con generar intervenciones directas muy personalizadas en cada caso concreto, por ejemplo, a través de identificar barrios, lugares, personas, necesidades de grupos de riesgo. ¿Cómo se hace eso en una ciudad? ¿Cómo se entra en lugares muy explosivos? ¿Cómo se hace para que no se transformen en guetos?
AL - Debe ser un trabajo de las intendencias, de las juntas vecinales, del Estado. Es difícil hacer progresos en materia de lucha contra la droga, hay que juntar a todos los actores interesados. Hasta la Policía puede tener un rol positivo si considera que su papel no es únicamente la represión, sino que también puede participar en la toma de conciencia de la gente, explicarle, por ejemplo, que se vuelve económicamente vulnerable, que los que ganan dinero son los traficantes, no la gente que consume, ni siquiera los pequeños distribuidores de droga.
JMP - ¿Qué le parece la alternativa de despenalizar el consumo de drogas y regularlo a través de mecanismos estatales, por ejemplo?
AL - Hay dos cosas. Despenalizar es no reprimir fuertemente, tolerar. Por ejemplo, en Holanda se ha despenalizado el uso de la marihuana y de hachís, pero sigue estando prohibido por la ley. Otro problema es legalizar la droga, o sea venderla libremente. Tiene la ventaja de que los precios se derrumban y la delincuencia baja, pero hay que tener mucho cuidado con el consumo, porque si el producto es de libre acceso hay una tentación de comprarlo. Cada país tiene su tradición cultural, su tradición de uso de sustancias, y de sustancias legales, porque no olvidemos que el alcohol ocasiona también mucho daño a la salud, mucho más que todas las otras drogas reunidas. Entonces hay que ver, porque el peligro, en caso de legalización, es que aumente el consumo, particularmente en los países del tercer mundo más pobres, por ejemplo, estoy seguro de que si en países africanos se legalizaran drogas con el prestigio del consumo occidental, como la cocaína, durante varios años habrá un aumento sensible del consumo. Hasta ahora no se han hecho suficientes estudios prospectivos para tener una visión clara de qué pasaría en caso de legalización.
JMP - Usted dice que hágase lo que se haga, el tema central, el foco, el tema de fondo es trabajar sobre esas situaciones sociales, familiares, afectivas, psicológicas que generan angustia, temor, miedo, miedo a la muerte, y esos fantasmas no se terminan con una solución al tema de las drogas sino que va mucho más allá.
AL - Claro, hay que trabajar todos los aspectos y no soñar con que va a desaparecer. Es un trabajo continuo y de largo aliento. En Europa, por ejemplo, se ha logrado disminuir bastante la mortalidad debida al uso de heroína con la distribución de productos alternativos, mediante lo que se llama prevención de riesgos, se distribuyen jeringas, productos como la metadona. Ahora tenemos el problema de que entra fuertemente la cocaína en el medio popular donde antes estaba la heroína, entonces hay que inventar otras políticas frente a otro producto que tiene efectos diferentes.
JMP - ¿Qué está pasando en el resto del mundo con la producción de sustancias que generan adicciones? En China, por ejemplo.
AL - En China hubo tradicionalmente un mercado de heroína que venía de Birmania, los opiáceos son una vieja historia. Ahora está entrando, está de moda, con el desarrollo de los polos urbanos, la cocaína, el año pasado hubo un decomiso de 150 kilos que no estaban en tránsito, eran para el público. En Tailandia, otro país dinámico desde el punto de vista económico, también entra fuertemente la cocaína. En África del sur también está muy presente. Se abren nuevos mercados, sobre todo en los países industriales emergentes, y está de moda la cocaína y hay que enfrentar esa nueva realidad. Los chinos tienen una política muy represiva, en caso de heroína fusilan a la gente que recae una vez, hay centenares de muertos por ejecución cada año, y eso no ha parado nada el progreso de la heroína, que ha sido continuo. Esos países, que estaban protegidos por su aislamiento o su pobreza, están descubriendo una nueva realidad.
JMP - ¿Podemos decir que Estados Unidos es el principal consumidor de drogas del mundo? ¿O ya es un fenómeno absolutamente masificado y mundial?
AL - El primer mercado mundial, según las Naciones Unidas, es Estados Unidos, pero Europa se está acercando. En Europa, con los países del Este entrando a la Unión Europea, hay también desarrollo del consumo. Los países del Este, que descubren nuevas sustancias cuando se abren las fronteras, tienden a acercarse a las modalidades de consumo de los países del Oeste. Por eso crece el mercado.
JMP - ¿Cómo impacta en la política este fenómeno de presencia creciente del narcotráfico en todo el mundo? En muchos lugares se habla de narcopolíticos, por ejemplo en Colombia, sectores políticos que son cooptados por narcotraficantes disimuladamente y que terminan siendo una pieza más de su tablero. ¿Qué pasa en el resto del mundo?
AL - En Colombia los paramilitares, que están muy ligados con el tráfico de drogas, dijeron en 2004 que controlaban 30% del Parlamento y nadie los desmintió. El presidente Uribe está involucrado en problemas, 12 legisladores electos de los partidos que lo apoyan que están en la cárcel por narcotráfico. Pero hay otro problema: a veces los países usan el pretexto de la lucha contra la droga para esconder otras políticas. Es claro el caso de Estados Unidos tanto en Colombia como en Afganistán. Como perdió su base en Panamá es vital para Estados Unidos controlar el norte de Colombia, donde sus más de 1.000 asesores militares o paramilitares sirven a ese fin. En Afganistán el combate contra el terrorismo y contra las drogas esconde la necesidad de controlar el petróleo de Asia Central, para invadir a Afganistán se le dieron bases en Tayikistán, Uzbekistán, países que están produciendo petróleo y que tienen reservas o que están al lado de países que producen, como Turkmenistán, por ejemplo. También es un fenómeno muy actual que la lucha contra la droga sirve a otros intereses de carácter geopolítico o económico.