"No nos conformamos con calentar un asiento. Además, por la pobreza, el olvido de las autoridades y el incumplimiento del gobierno, el pueblo peruano terminará levantándose... no fuimos elegidas para imitar a una Marta Hildebrandt o volvernos diplomáticas"
Elsa Malpartida
Parlamentaria andina peruana por el Partido Nacionalista Peruano
por Ricardo Jiménez
En medio del totalitario monologo de las empresas privadas oligárquicas que son los medios de comunicación masivos en Perú, ahora uniformados con los del Estado, caídos en las manos de la misma oligarquía y su gobierno fujialanista, las compañeras dirigentas cocaleras y parlamentarias nacionalistas peruanas, Elsa Malpartida y Nancy Obregón, hacen pública su adscripción a una alternativa de “insurrección civil” si se persiste en la ciega, represiva y pro imperial política de erradicación de cultivos de coca dictada por la desacreditada administración Bush y seguida prosternadamente por el último y tardío de sus idolatras sudamericanos, Alan García.
Valientemente, ante la consabida arremetida satanizadora de los medios y aún de la persecución legal en su contra, con la que ya se les amenaza públicamente, estas compañeras además, dan una serie de lecciones prácticas para la lucha por el orden social alternativo que conviene relevar y reflexionar.
La falsa y dañina oposición entre luchar desde arriba o desde abajo
Sus declaraciones no hacen sino ser coherentes con una trayectoria de lucha que les ha valido innumerables veces la persecución, represión y hasta la cárcel, por parte de todos los anteriores gobiernos “democráticos”. Lo nuevo, lo que provoca el escándalo mediático, es el hecho de que estas “cholas subversivas” estén ahora en posiciones de poder en el aparato estatal y que ello no las haya apartado de su lucha, sino por el contrario, desde ahí le den una nueva fuerza y una nueva voz pública a la lucha cocalera, a la cual antes reprimían casi en absoluto silenciamiento e impunidad. Esta dificultad real, concreta, es la que enerva a los poderes fácticos locales y extranjeros, y conviene sacar bien las lecciones necesarias.
Justamente, como en Venezuela, Bolivia y ahora Ecuador, es la captura del gobierno por mayorías populares electorales, a través de alternativas y programas constituyentes, antimperiales y antioligárquicos, la que permite romper el bloqueo de estos poderes a los cambios, empezando por la ruptura de su monopolio de los medios, con el cual aturden a las mayorías populares a su antojo. Ahí está el caso de Lima, bastión oligárquico que, apenas pero suficientemente, ha permitido, contra la voluntad del resto del país y de las corrientes que avanzan en la región entera, sostener este impresentable neoliberalismo tardío peruano. Son los medios masivos de comunicación los últimos verdaderos partidos políticos de los poderes oligárquicos e imperiales, y con la captura, por parte del nacionalismo consecuente, principalmente de las compañeras cocaleras, de partes del aparato del Estado han dado un primer golpe a ese monopolio, y eso les duele. Pero la ruptura de ese silencio monopólico no es un fin en sí mismo, es para hacer lo mismo que hacen los oligárquicas, para usarlos como instrumentos de lucha consecuente, ahora en favor de las mayorías populares, para combatir los planes neoliberales e imperialistas, para empujar y construir lo nuevo hacia las grandes mayorías, hacia el país, y no en la burbuja minúscula e impotente, en el rincón de las arañas de ciertos “profesionales de la inteligencia”. Demuestran, las compañeras en la práctica, que sí se puede, y se debe, luchar desde abajo y desde arriba simultáneamente, eliminando esa falsa y fementida oposición entre uno y otro nivel de la lucha, que sirve únicamente a los opresores, dañando y manteniendo en la impotencia y la insignificancia a los sectores que caen en la trampa de un “movimientismo” y un “basismo” supuestamente radical, en el que se encierran algunos, autosatisfechos de sus propios delirios, mientras los pueblos pasan por su lado al combate y no lo ven o no quieren verlo. Ahí está el caso de los profesionales de la inteligencia progresista peruana que, ante el hecho histórico y colosalmente significativo de haber llegado al congreso, por primera vez en la historia, por voluntad popular, compañeras cocaleras, indígenas, simplemente lo ignoraron, aduciendo en mesas y foros que en Perú con el movimiento indígena “no pasa nada”.
Existe oposición popular y está al lado del pueblo y sus luchas y así como ha tomado consecuentemente algunas “cabezas de playa” en el Estado, seguirá adelante a tomar el próximo gobierno, como quiera y cuando quiera que ello ocurra. Este es el mensaje que nos entregan Elsa y Nancy. Y es al mismo tiempo el llamado a despertar, abandonar los prejuicios y los miedos, a tomar cada cual el lugar en esta lucha popular para ganarla, al mismo tiempo contra los poderes fácticos enemigos de la humanidad y contra la pequeñez y la falta de comprensión que todavía bloquea a sectores de la izquierda y el progresismo tradicional que están por fuera y aún en contra del proceso.
La matemática continental, la nueva batalla de Ayacucho es en Lima
Pero, además, es importante, necesario, hacer la matemática del continente. Esto es, darle al “internacionalismo latinoamericano”, al “bolivarianismo”, a la “patria Grande” un contenido preciso, exacto, táctico y estratégico. La “fraternidad y hermandad de los pueblos”, la “solidaridad con la lucha en países hermanos”, las poesías al Che Guevara, todo eso, está muy bien, es una mística imprescindible, pero no es, ni mucho menos, ni de lejos, suficiente. Más aún, si sólo se queda en eso, es más bien una neblina, una pirotecnia fácil, que no impone responsabilidades claras, que hace olvidarlas más bien. ¿De qué sirve llenarse la boca con el Che, si alegremente llamamos a votar nulo y nos sumamos a las campañas de la oligarquía y el imperio contra la alternativa constituyente y bolivariana en Perú, apoyada públicamente por Chávez y Evo? ¿De qué sirve empapelar las calles con volantes latinoamericanistas, sino somos capaces de abandonar las “radicalidades impotentes” en cada uno de los países y tácticamente empujamos el voto de nuestros gobiernos en la ONU para apoyar la lucha en ese escenario de los gobiernos populares del continente, aunque seamos opositores a esos gobiernos nuestros?
Esto nos lo muestran las compañeras cocaleras. Al empujar su lucha, con mayor efectividad, por abajo y por arriba, al romper el monopolio del Estado y de los medios, consecuentes con la lucha popular, hacen más por el internacionalismo y bolivarianismo de la Patria Grande , que todas las frases hechas y lugares comunes guevaristas juntos, repetidos desde hace una década en las burbujas insignificantes. La lucha cocalera, que se identifica con la de los pueblos indígenas y con la de la defensa mediomabiental y de recursos estratégicos en el Amazonas, es, de hecho, una transversal continental, y un escenario militar estratégico contra el imperio. Y de ahí, la matemática continental a las que estas compañeras multiplican a favor de los pueblos, con su inteligente, y libre de prejuicios y pequeñeces, lucha desde arriba y desde abajo, desde lo electoral y lo social, desde el parlamento y la insurrección popular. Multiplicar, sumar, de eso se trata. No restar, aunque sea con la boca llena de Bolívar o de Marx. Esta dimensión de responsabilidad continental, a través no del discurso radicaloide, tan fácil como impotente, sino de la matemática efectiva y medible de la lucha, es urgente y necesaria.
Mientras Colombia y México están en vilo, empantanados en sus crisis, pero que aún no logran tampoco romper el fiero bloqueo de los poderes fácticos. En Perú se prepara la consolidación neoliberal, al estilo chileno, al menos para tres décadas más. Y sobre su base, se digitan con recursos y bases norteamericanas, toda clase de conspiraciones y agresiones contra los procesos de Ecuador y Bolivia, donde la oposición de los poderes oligárquicos está lejos aún de ser definitivamente vencida. El asesinato del presidente Chávez, aún al costo de convertir Venezuela en otra Colombia, es una opción que se hace preferible al imperio, ante el avance de ese proceso a la opción socialista. Chile y, en menor grado, Argentina, Brasil y Uruguay, son un eje estable moderado que, de producirse estos retrocesos, podrían variar, en mayor o menor medida, hacia posiciones pro imperiales. Al contrario, de avanzar los procesos populares en Ecuador y Bolivia, muy probablemente serán arrastrados a posiciones bolivarianas cada vez más claras. Especialmente, Chile, es un gobierno que sólo podrá ser forzado a ello si se le cierra el cerco bolivariano, especialmente energético, a su alrededor. Para todo ello, el punto de quiebre, el umbral crucial, es Perú. Es decisivo. El santo y seña, la clave de la matemática continental. Un gobierno antioligárquico y antimperial, constituyente, bolivariano, perfectamente posible, casi logrado en las elecciones pasadas, hace toda la diferencia. No hay nada parecido a una tregua o a un futuro “inevitablemente popular”. Todo está en juego, es posible una nueva fase de derrotas y retrocesos en el continente, no reconocerlo es un engaño criminal. Pero está al alcance de la mano una victoria decisiva, una nueva batalla de Ayacucho que despeje Sudamérica de la presencia imperial significativa y cierre el cerco a su influencia, sentando las bases para la construcción de lo nuevo. No entenderlo, no sumarse a la lucha por esta victoria urgente, por pequeñeces vanidosas, o impotencia dogmática es un crimen y una deslealtad con los pueblos y la hora histórica.
Nada más una diferencia con la gesta histórica independentista. La nueva batalla de Ayacucho será en Lima. Es esta capital, donde se atrinchera la feroz y recalcitrante oligarquía peruana, la más centralista, la más racista del continente. Es desde esta fortaleza que ha logrado, tensando al máximo sus fuerzas, aunando a fujimontesinistas, alanistas, derechistas (y el oportuno abstencionismo de izquierdistas desorientados y grupúsculos impotentes), y contra el resto del país y del continente, salvar el Perú neoliberal y antilatinoamericano y ahora pretende consolidarlo al menos para tres décadas más como cabeza de playa, base imperial contra el bolivarianismo en la región. Y ello es así por dos razones básicas. Es en Lima donde llega la supuesta “modernidad” a la mayor cantidad de gente. Donde las grandes tiendas, los celulares, los TV cable y demás consumos contemporáneos llegan masivamente y son presentados, engañosamente, como efecto de una única causa neoliberal. Pero aún en Lima, como en el resto del país, son enormes los sectores que en realidad están excluidos de estas supuestas bondades del sistema, y aún de lo más básico como el agua potable. Allí entra en juego el factor más importante del bloqueo oligárquico a los cambios: los medios de comunicación masivos, que tienen en Lima un espacio cautivo y completamente sometido a su influencia. Es su férreo control totalitario, su bombardeo ideológico constante, sistemático, el que permite alcanzar la mayoría limeña suficiente para imponerse al país. Y “suficiente” porque son enormes todavía, y a pesar de ello, las zonas populares, los conos, donde la votación a la alternativa popular y antimperial en las últimas elecciones fue significativa. Es allí el eslabón de la cadena que debe romperse para ganar la batalla de Perú y del continente entero, que está en juego. Sin abandonar el empuje de las luchas regionales, es imprescindible ganar y avanzar en Lima, en los conos. Y es esa la otra gran lección de las compañeras cocaleras. Ella “traen” la lucha cocalera a Lima, la ponen en los medios oligárquicos, en los debates parlamentarios. Incluso en la agenda regional, porque si llegan a encarcelar a Elsa Malpartida, parlamentaria andina, será una vergüenza y un costo para el gobierno en el escenario regional. En el mismo movimiento, fortalecen la lucha local cocalera, y fortalecen con el ejemplo, la lucha en Lima, el escenario fundamental para lograr un gobierno popular, único que podrá terminar cambiando de una vez la política cocalera, empezando por sacar de allí a los sicarios de Bush, como lo señaló públicamente Ollanta Humala en la campaña presidencial pasada.
¿Hace falta más para tomar conciencia de las graves responsabilidades populares e históricas que nos caben, por acción u omisión, a cada uno? ¿Hace falta más para no ver, ni entender, ni aprovechar las lecciones que nos regalan con su ejemplo las heroicas compañeras cocaleras, indígenas y parlamentarias nacionalistas con su profecía de insurrección?.