por Hugo Cabieses Cubas
Economista de la Universidad del Pacífico
Director del DRIS y Responsable del ZA-MANU
Lima, 10 de Mayo 2007
El gobierno a través del Presidente Ejecutivo de DEVIDA, Rómulo Pizarro, nos ha informado que tiene una “Estrategia Nacional de Lucha Contra las Drogas 2007-2011”, la misma que aprobaron en el Consejo de Ministros en diciembre del año pasado. Por otro lado, nos acaba de llegar por internet la propuesta del Consorcio Internacional sobre Políticas de Drogas (International Drug Policy Consortium), respecto a cinco principios que deberíamos tomar en cuenta para combatir nuestra adicción al fracaso. Por último, el Ministro de agricultura ha presentado al país un “Plan de Desarrollo Agrario para las Zonas Cocaleras 2007-2011. Finalmente. Estos tres documentos me motivan los siguientes comentarios:
1. El gobierno peruano sí tiene una estrategia sobre drogas, pero lo malo es que se trata de la misma estrategia fracasada del gobierno de Estados Unidos que se aplica desde hace más de 25 años en nuestro país y en el mundo. Pero además, la estrategia de DEVIDA no ha sido discutida y aprobada por el Congreso de la República y, menos aún, con y por los representantes de la sociedad civil y los involucrados como víctimas del flagelo del Tráfico Ilícito de Drogas (TID), principalmente agricultores y consumidores. Por lo tanto, no se trata de una Política de Estado sino de Gobierno.
2. En mi concepto, la estrategia expuesta por DEVIDA equivoca el diagnóstico, las prioridades y por lo tanto las propuestas. Parte por señalar que el principal problema de nuestro país es el consumo de drogas, en segundo lugar el tráfico de las mismas y por último el desarrollo rural, distorsionando así lo que debería ser una estrategia integral propia y copiando lo que probablemente es el diagnóstico para Estados Unidos. Sin desconocer su importancia, sostengo que nuestro tema central no es el consumo sino la producción y el tráfico de drogas con sus secuelas de corrupción, violencia y efectos medio-ambientales que todos debemos combatir. Pero además esta estrategia es “más de lo mismo” que se ha estado haciendo en los últimos 25 años con más fracasos que éxitos y, estos últimos, lamentablemente han sido reducidos, ecológicamente insostenibles y poco duraderos.
3. Considero que nuestro país, alejándose de estrategias fracasadas, debe atreverse a dar seis virajes en este tema:
Primero: Cambiar la actual política sobre drogas que es ofertista, prohibicionista y policial-militarista, que impulsa/impone para todo el mundo el gobierno de los EEUU y debemos elaborar consensualmente una Política de Estado Propia (PEP) sobre drogas y sobre coca que sea verdaderamente integral, sustentable y sostenible.
Segundo: Elaborar, discutir y aprobar un marco legislativo e institucional nuevo que reemplace el vigente - Decreto Ley 22095 y sus dispositivos ampliatorios y modificatorios – que no ha combatido el TID sino que lo ha alentado.
Tercero: Recoger los planteamientos reivindicativos y propositivos que han formulado los agricultores cocaleros en las más de 45 actas que han firmado desde 1999 con autoridades gubernamentales, incluyendo las recientes Actas de Tocache y Huanuco que todos debemos apoyar y deben ser vinculantes.
Cuarto: Diseñar e impulsar una estrategia de des-satanización y revalorización nacional e internacional de la hoja de coca para su uso tradicional e industrial benéfico, buscando su exclusión de la Lista 1 de estupefacientes de la Organización de las Naciones Unidas.
Quinto: Construir una base de datos realista y propia sobre extensión de cultivos de hoja de coca, productividades, calidades, precios, volúmenes y usos legales e ilegales ya que seguimos andando en este tema con “los ojos vendados”.
Sexto: Cambiar la estrategia de “desarrollo alternativo” y “sustitución de cultivos” basada en la erradicación previa, por una verdadera estrategia de desarrollo rural integral sostenible y sustentable orientada a la construcción de mercados locales, regionales y nacionales.
4. Si el viraje en estos seis puntos se lleva a cabo, estoy seguro que el Perú se ubicará en las tendencias globales de la modernidad, ética y eficiencia en políticas de drogas, como la que expresa el mencionado Consorcio Internacional sobre Políticas de Drogas (IDPC), con los siguientes cinco principios:
Primero: Las decisiones sobre políticas de drogas deberían estar más fundamentadas en las evidencias científicas disponibles actualmente.
Segundo: Las políticas de drogas no deberían hacer hincapié en la reducción de la magnitud del mercado de drogas, sino en la reducción de sus consecuencias negativas.
Tercero: Las iniciativas para reducir la oferta de drogas no se deberían centrarse en la penalización de los cultivadores.
Cuarto: Las iniciativas para reducir la demanda de drogas no se deberían centrar en la penalización de los usuarios.
Quinto: El sistema de la ONU debería desarrollar un enfoque más coordinado y
unificado en materia de políticas de drogas.
5. Con respecto al “desarrollo alternativo”, considero que el "Plan de Desarrollo Agrario para las Zonas Cocaleras 2007-2011" por US$ 83 millones promulgado el 20 de Abril (RM Nro. 275-2007-AG), es lo mismo que impulsan desde hace 25 años, tanto la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo (USAID) como la Organización de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD). El llamado Programa de Desarrollo Alternativo (PDA) ha tenido pequeños éxitos, pero enormes fracasos, sin que hasta ahora se haya realizado una evaluación seria e independiente al respecto. Considero grave que se repitan los errores estratégicos del PDA. Es importante que el Ministro de Agricultura considere junto con los agricultores cocaleros, que el problema de la coca es agrícola, pero nuestra objeción central al Plan es que se trata de promover monocultivos de exportación para cumplir con una fórmula equivocada: coca = cocaína = US$ = exportación = buscar un producto de exportación tan rentable como la coca y sus derivados. La estrategia de agro-exportación no tiene viabilidad agro-ecológica en zonas de selva alta. Pero además, no tiene sostenibilidad económica más allá de algunos pocos años ya que “el suelo no aguanta”.
6. El Plan propuesto, impulsará el quinteto anti-ecológico de “cultivo motor de exportación”: café, cacao, palma aceitera y palmito, sin contar el arroz que es de consumo interno y el sacha inchi que considero interesante para mercados nacionales. La coca para el “narcotráfico” – no la cultivada tradicionalmente - es el sexto cultivo anti-ecológico que se quiere sustituir. Pero su erradicación provoca tanto o más efectos medio-ambientales negativos que los productos estrella del PDA. A esto se agrega en el Plan la ganadería mayor, la reforestación en plantación de especies “rentables” y la caña de azúcar para bio-combustibles.
7. Las vacas "pisan" la ecología y tumban bosques para pastos. La caoba y el cedro son para los nietos de los agricultores. Plantar para bio-combustibles como quieren los presidentes Bush y Lula significa cambiar alimentos por “gasolina verde”. Con todo esta Plan Agrario, tal como está formulado, tendremos la mejor contribución del Perú al calentamiento global. Ojalá que el Ministro de Agricultura se de cuenta de este error estratégico al aceptar una fórmula absurda que en el fondo busca sustituir cultivos de coca por calentamiento global. En mi opinión, el camino para la selva alta es otro y lo resumo en los siguientes puntos:
Primero: Realizar una evaluación seria e independiente de lo ejecutado hasta ahora con relación al llamado “desarrollo alternativo”, incluyendo en ello la investigación sobre el “efecto cascada” de los fondos de la cooperación internacional.
Segundo: Llevar a cabo en serio un proceso de catastro y empadronamiento de los agricultores cocaleros y no cocaleros para “separar la paja del grano” y apoyar su organización gremial y empresarial. Esto implica un proceso social y político, además de técnico, de zonificación ecológica-económica y ordenamiento territorial (ZEE-OT) en las regiones en donde se cultiva coca y sus entornos.
Tercero: Consultar y asesorarse con los agricultores y profesionales que conozcan los límites agropecuarios y ecológico-medio ambientales de selva alta.
Cuarto: Impulsar una estrategia orientada principalmente a mercados locales, regionales y nacionales, articulando en cadenas productivas las actividades de la selva alta con ciudades intermedias.
Quinto: Promover la sostenibilidad alimentaria basada en biohuertos (hortalizas para vitaminas y calcio) y minigranjas (aves menores y cuyes) junto con acuicultura (no tilapia, sino paco, gamitana, paiche y caracol) y zoocriaderos (picuro y ronsoco), para proteínas y nutrición familiar.
Sexto: Impulsar acciones de agro-forestería en pequeña producción con agricultura orgánica (biol y cobertizos) y siembra por contrato, crédito campesino supervisado y asistencia técnica en la chacra.
Sétimo: Desarrollar un programa de manejo forestal con especies de corta y mediana maduración y de especies no maderables como castaña y caucho, asociado con acuicultura, apicultura y ovino de pelo, no ganad vacuno extensivo.
Octavo: Promover el ecoturismo y el turismo vivencial sustentable, articulado a cadenas de valor locales.
8. La exportación agrícola para selva alta es una quimera y hay que decírselo a los agricultores con todas sus letras, desandando lo andado. Nuestra principal riqueza interna y limitadamente exportable es la biodiversidad de estas zonas, el ecoturismo, el manejo integral y sostenible de los bosques - no su tala y quema para productos de exportación -, la captura de carbono y los fondos disponibles para ello. Insistir en el PDA impulsado por USAID y ONUDD en los últimos 25 años, además de continuar “adictos al fracaso”, es impulsar la eclosión ecológica y un verdadero Plan de Destrucción de la Agricultura Amazónica (PDA) en reemplazo de los cultivos de hoja de coca.
9. Considero que nuestro país NO debe continuar con la hipócrita y fracasada política ofertista, prohibicionista y militarista de las actuales estrategias internacionales sobre drogas impulsadas por el gobierno de los Estados Unidos y avaladas sin ninguna crítica por la ONUDD. Considero que debemos tratar seriamente nuestra vernacular adicción al calco, la copia y al fracaso.