jueves, 08 de marzo de 2007
¿Adiós a la aromática de coca?
Por Claudia Grajales
Bogotá, 02/03/2007. Desde el pasado 16 de febrero, té, aromáticas, galletas, dulces y gaseosas derivadas de la hoja de coca están desapareciendo de las estanterías de centros naturistas, supermercados y de la tienda de la esquina. La razón: una orden impartida a principios de este año por el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos, INVIMA, en la que advierte que estos productos “…elaborados y comercializados en los resguardos indígenas, NO pueden ser comercializados ni publicitados en el resto del territorio nacional”. Los productores de la Coca Sek, calificaron esta medida de arbitraria y anunciaron acciones penales y civiles contra el estado.
Según la comunicación del INVIMA impartida a las autoridades competentes, como la Secretaría de Salud Pública de la ciudad de Cali, la comercialización y publicidad de estos productos por fuera de los territorios indígenas “infringe las disposiciones internacionales contempladas en la Convención única sobre estupefacientes de 1961”, en consecuencia, “en caso de encontrar productos de este tipo fuera de los territorios autorizados, es necesario aplicar las medidas sanitarias del caso e iniciar los procesos sancionatorios correspondientes, de acuerdo a la normatividad vigente”.
En cumplimiento de esta medida ya han sido recogidos productos de coca en diferentes ciudades, siendo la primera Cali, dijo a Actualidad Étnica David Curtidor, integrante del Proyecto Coca Nasa del Resguardo Indígena de Calderas, comunidad que ha liderado desde hace siete años la producción y comercialización de los derivados de la hoja de coca, cuya producto estrella es la bebida gaseosa Coca Sek.
Curtidor sostuvo que además de las consecuencias económicas, el mayor problema es el desprestigio de la marca. “Estos productos se venden en grandes supermercados y cadenas de tiendas naturistas, por ejemplo en este momento hay productos de coca en Carrefour; entonces, el almacén al que le recojan estos productos, no los vuelve a vender aunque la medida se eche atrás. Pues la gente no quiere meterse en problemas por estar, supuestamente, vendiendo algo ilegal”.
Hasta el momento el golpe más fuerte ha sido para Coca Sek. En los días en que se impartió la orden del INVIMA, se estaba cerrando una negociación para distribuir esta bebida en el departamento del Valle. Después de esta decisión, el contrato fue cancelado, informó Curtidor.
Según el representante de Coca Nasa, con la medida del INVIMA se perjudica no sólo éste proyecto, sino otras dos empresas que trabajan la hoja de coca, a los pueblos indígenas y en general a todos los colombianos. En el Proyecto de Coca Nasa, cuyas ventas anuales alcanzan los 300 millones de pesos, 30 personas se quedarían sin empleo y se afectarían alrededor 2000 personas, entre las familias que trabajan indirectamente en el proceso y los habitantes del Resguardo de Calderas. Tan sólo en la región de Tierradentro dos asociaciones de cabildos indígenas, el Juan Tama y el Nasa Sacha, son distribuidores de los productos de Coca Nasa.
Una medida arbitraria
Curtidor aseguró que el INVIMA decidió unilateralmente y sin consultar a la autoridad indígena correspondiente, pasar por alto las autorizaciones que existían para la comercialización de productos de coca en el país. “Esta medida irregular, violatoria de derechos fundamentales y tratados internacionales, es un acto arbitrario que va en contravía con el decidido respaldo que el estado colombiano ha dado a este proyecto desde hace 7 años”.
“El estado a través de varias instituciones, como la Presidencia de la República, el Programa Plante, en su momento, el INVIMA, la Dirección de Estupefacientes y el Ministerio del Medio Ambiente, se unieron para dar una salida a la comercialización de los productos de coca en Colombia. La solución que encontraron fue que las autoridades indígenas dieran el permiso correspondiente para que se pudieran vender los productos derivados de la coca, así que operamos con una resolución que el mismo INVIMA reconoció por escrito”, aseguró Curtidor al referirse a la Resolución 001 del 29/06/2002, publicada en el Diario Oficial 45.029, por la cual la Asociación de Cabildos Juan Tama, avaló el Proyecto Coca Nasa.
“La norma que otorgó la autoridad indígena está vigente, pero el INVIMA desconoce esta norma y el proceder que ellos mismos han tenido en el pasado. Desde el segundo semestre de 2006 ha forzado una serie de reuniones para avalar dicha medida, a pesar que recibió un concepto del Ministerio del Interior y de Justicia sobre la viabilidad de este proyecto y la legalidad que amparaba la venta de estos productos”.
Esta medida responde aparentemente a una solicitud que la Junta internacional de Estupefacientes hiciera al gobierno colombiano. En una comunicación del 4 de diciembre de 2006 dirigida al Director General del INVIMA, Julio Cesar Aldana, el Director Nacional de Estupefacientes, Carlos Albornoz Guerrero, advierte que este organismo se pronunció sobre la producción de bebidas que emplean hoja de coca, así como a las obligaciones de Colombia en el cumplimiento de la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes.
Según el análisis de los conceptos recogidos por la Dirección Nacional de Estupefacientes, “…es claro que Colombia está infringiendo las disposiciones internacionales contempladas en la Convención de 1961 sobre estupefacientes y que así mismo los actos administrativos emanados por las autoridades indígenas carecen de extensión jurídica nacional por lo que la Resolución 001 de 2002 sobre la cual se le da autorización a los territorios indígenas para la producción y comercialización de productos a base de hoja de coca y es utilizada como registro INVIMA, carece de respaldo legal por asumir competencias exclusivas de su Institución”, dice la directiva de Estupefacientes que le solicita al INVIMA “…tome las medidas pertinentes ante los productos que a base de hoja de coca se producen y comercializan actualmente sobre él territorio nacional”.
Frente a este tema, David Curtidor fue enfático en manifestar que los señalamientos de esta entidad no pueden estar por encima de la soberanía nacional. “Puede que la Junta Internacional de Estupefacientes esté horrorizada, que la DEA esté horrorizada, lo cual no es cierto, pues estos productos se venden libremente en varias naciones suramericanas como Venezuela, Perú, Bolivia, Uruguay y Argentina, por ejemplo, este país no es productor de hoja de coca, por el contrario importa cerca de 2 mil millones de dólares anuales de hoja, es un mercado muy grande que se ubica especialmente en las provincias del norte. Así que en ningún momento se está violando convención alguna”.
Para el Proyecto Coca Nasa esta medida no busca la protección de la salud de los consumidores de los productos derivados de la hoja de coca, ni está preocupado por el carácter lícito o ilícito del negocio, sino que responde a intereses oscuros. “Precisamente hace 15 días cuando empezaron a recoger los productos, el INVIMA nos otorgó el permiso sanitario para el empaque de las aromáticas en nuestra propia planta en Bogotá y en el Cauca, donde procesamos la hoja y empacamos el jarabe para la Coca Sek, permanentemente nos ha hecho revisiones”.
Según Curtidor el problema es que hay gente, incluso al interior del INVIMA, que no está contenta con que una comunidad indígena tenga el monopolio de un proyecto que parece ser muy prometedor en términos económicos. “Coincidencialmente el año pasado le ganamos una demanda a Coca-Cola, quien nos había demandado porque uno de nuestros productos tiene la palabra Coca (la bebida gaseosa Coca Sek) y según ellos nadie puede usar esta palabra. Pensamos que pueda haber una relación, aunque de ninguna manera podemos probarlo, sin embargo no deja de ser una coincidencia muy curiosa. Lo único cierto es que el interés del INVIMA no es el interés de la defensa de la ley, porque si fuera eso, las cosas no hubieran funcionado perfectamente como hasta el momento ha sucedido, con el apoyo del INVIMA, de la Dirección Nacional de Estupefacientes. Es que nosotros no hicimos arreglos y pactos con personas, sino instituciones, con el estado colombiano”, advirtió Curtidor.
Mientras se soluciona este problema, quien desee tomarse una aromática, comerse una galleta o beber una Coca Sek, tendría que desplazarse a un resguardo indígena. En ese orden de ideas, resulta interesante la reflexión de Curtidor sobre el uso ancestral de la hoja sagrada: “La hoja coca, no deja de ser coca, porque se comercialice, porque se cocine o se empaque higiénicamente; es la misma hoja de coca, es la misma infusión, es la misma hoja”.
Fuente: Actualidad Étnica
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