contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

martes, 06 de marzo de 2007

Coca: más lucha, más cultivos

El Plan Colombia es un fracaso y sus defensores plantean medidas desesperadas...

Hay que poner en práctica la medida legal de expropiar la tierra de quien tenga o permita cultivos ilegales. Es una de las formas más efectivas para frenar el auge de este mortal delito.

Un desmotivante fenómeno se viene registrando en Colombia frente a la lucha contra los cultivos ilícitos pues cuando más se ataca este flagelo paradójicamente más crecen las plantaciones no permitidas; más son los decomisos de droga y de precursores químicos, y cada vez aumenta el descubrimiento y destrucción de laboratorios ilegales.
El ejemplo más claro de esta situación lo acaban de revelar las autoridades en Caldas, encabezadas por el Director Nacional de la Policía, general Jorge Daniel Castro. La realidad es que mientras en el 2004 había en el Departamento 1.200 hectáreas sembradas de coca, a la fecha se han logrado erradicar casi 2.700 hectáreas, pero aún quedan faltando unas 250 hectáreas más por destruir.
Si nos atenemos a los números lo anterior indica que entre el 2004 y este año la extensión de cultivos de hoja de coca en municipios caldenses creció en 1.750 hectáreas, es decir que sólo en nuestra jurisdicción hubo un incremento del 145% en ese tipo de plantaciones en tres años, lo que pone a pensar en la verdadera efectividad de los programas de erradicación y de fumigación, y en la real capacidad de las autoridades para frenar el negocio que han montado de manera individual o conjunta los narcotraficantes y los grupos armados ilegales.
No se trata de desconocer el trabajo duro y permanente que, como en muchas otras regiones del país, han adelantado aquí las autoridades militares y de policía, que sin importar clima, adversidades ni amenazas, e incluso sin fijarse en gastos, mantienen una estrategia indeclinable para eliminar del todo esta práctica que se convirtió en la mejor forma de financiamiento de las organizaciones guerrilleras y paramilitares.
Por eso, si bien hay que mantener la misma disposición de lucha antinarcóticos utilizando las armas donde haya presencia subversiva y de grupos de ultraderecha; fumigando en sitios de enorme extensión, y promoviendo la erradicación manual donde exista compromiso de la comunidad para hacerlo, bien vale la pena poner en práctica la medida legal de expropiar la tierra de quien tenga o permita sembrados de este tipo.
Muchos son las casos, especialmente en el oriente de Caldas, donde se han descubierto predios pequeños que no obstante haber eliminado plantaciones ilegales en el pasado, hoy tienen de nuevo sembrados de coca, algunos de ellos mimetizados entre cultivos de pan coger, con lo cual pretenden tapar el delito a cambio de unos ingresos adicionales que resultan cuantiosos dentro de la lucrativa cadena que hay alrededor de la cocaína.
Tampoco hay que olvidar el poder corruptor de quienes comercian con esta mortal droga que por los millonarios recursos que mueve ha llevado a muchos miembros de los organismos de seguridad a olvidar sus obligaciones legales y sucumbir ante la ambición del dinero. Es así como tantos han terminado comprometidos, unos con la recepción de dineros para permitir el paso de cargamentos, otros con el envío de droga al exterior y otros más con el robo de droga decomisada la cual después venden en el mercado negro.
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Una cosas sí es clara y es que Colombia, muy a pesar de la capacidad de daño, de manipulación y de amenaza que tienen quienes se dedican al narcotráfico, no ha bajado la guardia en su lucha contra este flagelo, muy al contrario de los países como Estados Unidos y las más importantes naciones europeas donde el consumo se ha disparado a niveles alarmantes. Con ese nefasto panorama no entiende uno cómo la comunidad internacional sigue sin actuar unida en favor de quienes, como nuestro país, cargan con el peso más doloroso de este mal que como un cáncer se expande por todo el mundo.

Fuente: La Patria

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