viernes, 26 de enero de 2007
Drogas y Conflicto
La simple hoja de una planta milenaria tendrá un rol protagonista en la agenda internacional de este año, desde la reunión de la Comisión de Estupefacientes en marzo, pasando por la cumbre de la UEAmérica Latina y el Caribe y la asamblea de la Organización Mundial de la Salud en mayo, hasta la asamblea general de la ONU en septiembre. En este momento, las relaciones internacionales y los mecanismos especializados en el tema del comercio de drogas ilegales han alcanzado las más altas esferas diplomáticas, poniéndose de relieve la solicitud que se viene haciendo desde hace una década: la hoja de coca no debería ser parte del estricto control internacional de drogas, y ya es hora de reparar el error histórico de haberla incluido en la categoría más nociva de narcóticos. La coca se ha vuelto un símbolo para una buena parte de la población andina, que espera un futuro más equitativo e incluyente para las masas empobrecidas entre las cuales la población indígena. Pero al mismo tiempo, la hoja tiene una trayectoria propia desde la época precolombina, con evidencias arqueológicas que fundamentan su uso extendido en una variedad de contextos, hasta los diversos usos contemporáneos en los que, lamentablemente, la extracción de uno de sus alcaloides –la cocaína- se ha vuelto su característica más famosa.
El hecho de que la hoja de coca aparezca actualmente clasificada junto con la cocaína y la heroína en la Lista I de la Convención Única de Estupefacientes de 1961 de la ONU, ha hecho desaparecer paulatinamente de la conciencia pública la diferencia intrínseca entre la hoja y su derivado cocaína. En la sesión 49º de la Comisión de Estupefacientes que tuvo lugar recientemente en Viena, la delegación boliviana expresó su intención de pedir a la comunidad internacional una reconsideración de la inclusión de la hoja de coca en esa lista. Para entender los motivos y el contexto de esta petición, así como el alcance del asunto, es necesario aclararle a la vasta audiencia las razones de tal petición y los procedimientos que han de seguirse para alcanzar ese objetivo.
Existe suficiente evidencia científica para respaldar que el uso tradicional de la coca no tiene efectos negativos para la salud, y que tiene funciones positivas de orden terapéutico, sagrado y social, razones por las cuales su clasificación como droga narcótica fue un error. No obstante, para retirar a la hoja de coca del sistema de control de drogas de la ONU, se necesitaría abordar también el argumento de la “fácil recuperabilidad” de su contenido de cocaína, que fue la otra justificación para incluirla en la Lista I. Mientras que el eslogan “coca no es cocaína” es válido, no se puede ignorar que la hoja de coca contiene cocaína. De no haber sido por esta presencia de cocaína, la hoja de coca no habría alcanzado la importancia que tiene en la cultura andina. La revalorización de la hoja de coca tendrá que tener en cuenta necesariamente la integralidad y complejidad de la hoja, incluida la cocaína. Se necesitará reconocer tam bién que las protestas masivas contra la erradicación forzada en Bolivia que contribuyeron al cambio político en ese país, representan el esfuerzo común tanto de los productores de coca para uso tradicional como de los que la cultivan para el mercado internacional de la cocaína como destino final. Más allá de la mera revalorización del uso tradicional, se necesitarán también políticas menos represivas que hagan valer el derecho de la gente a mantener medios de sustento sostenibles por encima de falsos enunciados que pretenden que atacando a los cultivadores pobres se va a resolver el problema mundial del consumo de cocaína.
Este número de Drogas y Conflicto considera escenarios pasados, presentes y futuros relacionados con la hoja de coca. Las opciones reales para una reclasificación dependerán de una serie de factores, entre los cuales uno de los más importantes es la voluntad política para enfrentar todas las dimensiones involucradas en este complejo asunto desde una perspectiva objetiva, con base en evidencias. La inclusión de la coca en la Convención de 1961 ha causado mucho daño en la región andina, y desde hace tiempo se está necesitando una corrección histórica si se quieren evitar nuevos conflictos, fuera del respeto que se debe a las culturas andinas. Para los miembros de la comunidad internacional, éste será un año para tomar una decisión: o seguimos ignorando los valores culturales y apoyando la falta de rigor científico que condujo a la decisión de poner a la coca bajo el control de las convenciones de la ONU, o nos atrevemos a reconocer que hemos cometido un error que ha sido fuente de tanto dolor y daño en las últimas décadas, y ahora nos proponemos corregirlo.
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