sábado, 18 de febrero de 2006
Observaciones en Alteración de Conciencia
La Razón de la Disponibilidad de la Hoja de Coca como Droga Recreativa
Por Andrew T. Weil, M.D. Journal of Psychedelic Drugs 9(1), Ene-Mar 1977: 75-78.
Con la descriminalización de la marihuana bastante avanzada, crece la presión para reformar las leyes contra el uso privado, recreativo de la cocaína, e incluso un creciente número de personas e instituciones respetables apoya la legalización de la heroína. Ya no es fantasioso imaginar el fin de toda una estructura de control de drogas mediante la ley penal.
Por supuesto, la necedad de este sistema era evidente desde hace mucho para todos los que quisieran darse cuenta. Las leyes contra la posesión y uso de drogas psicoactivas nunca han funcionado; es más, siempre son contraproducentes y empeoran las mismas situaciones que intentan remediar. Los intentos de la sociedad por controlar la cocaína constituyen un modelo esclarecedor de lo erróneo de tales políticas.
La hoja de coca era sagrada y venerada en el antiguo imperio incaico y su uso era un elemento esencial del tramado social. El uso de la hoja estaba restringido a ciertas clases y propósitos y estaba regulado por un sistema de controles sociales aceptado por todos (Mortimer 1974; Grinspoon & Bakalar 1976). Los españoles destruyeron este sistema cuando conquistaron el Perú. Como resultado, el uso de la coca se difundió por toda la población nativa y perdió su carácter sagrado.
Tras un breve intento por erradicar el chacchado, tachándolo de vicio diabólico, las nuevas autoridades españolas decidieron permitirlo como medio de extraer más trabajo de la población indígena. La mayoría de los conquistadores tenía en baja estima a los indígenas y no creía en las anécdotas que contaban sobre los efectos maravillosos de la hoja divina. Los europeos que condescendían a probar la coca generalmente no sentían efecto alguno, posiblemente porque no se molestaban en aprender el arte de chacchar a la usanza nativa y porque se acercaban a ella de manera negativa (Mortimer 1974; Grinspoon & Bakalar 1976).
A fines del siglo XIX, cuando finalmente despertaron los europeos a las verdaderas virtudes de la coca, trataron de incorporarla a su medicina, principalmente en la forma de tónicos alcohólicos y vinos que contenían extractos de la hoja. El más famoso de estos tónicos era el Vin Mariani a la Coca du Perou (Mariani 1896; Andrews & Solomon 1975; Mortimer 1974; Groff 1975). Pero para entonces, el químico alemán Albert Niemann había aislado la cocaína de la coca y los farmacólogos consideraron que este alcaloide puro era la única sustancia de interés en la hoja, incorporando todas las propiedades terapéuticas de la coca en una forma más concentrada y de más fácil administración. Esta idea persiste hasta la fecha aunque es un triste error. Las hojas de coca sólo contienen en promedio 0.5% de cocaína y del modo en que las chacchan los indígenas esta baja dosis entra al organismo en forma muy lenta (Martin 1970; Weil 1975). Además, la cocaína es sólo uno de muchos compuestos que actúan en forma sinergística para producir los efectos característicos de la coca; su separación de todos los sabores y nutrientes de la hoja integral lo mismo que de los otros alcaloides que modifican su acción estimulante es una intromisión enorme en la química de la coca (Martin 1970; Weil 1975).
En 1884, Carl Koller “descubrió” el efecto anestésico local de la cocaína al ver a un colega lamer la droga de la punta de un cuchillo y escucharlo comentar sobre el adormecimiento de su lengua (Becker 1963). Médicos de ambos lados del Atlántico aclamaron a la droga como una nueva panacea y empezaron a prescribirla en forma bastante indiscriminada y en altas dosis para tratar toda clase de condiciones, incluyendo la dependencia al alcohol y los opiáceos (Grinspoon & Bakalar 1976; Ashley 1975). Este tipo de uso pronto produjo casos de reacciones tóxicas agudas, algunas fatales, lo mismo que casos de dependencia crónica, principalmente en personas que ya eran adictas a los opiáceos. La publicidad sensacionalista sobre estos resultados contrarios no tardó en darle una mala reputación a la cocaína y condujo a que la profesión médica la rechazara por peligrosa (Grinspoon & Bakalar 1976; Ashley 1975); también engendró la actitud de que la hoja de coca era la fuente de todo el problema. Después de todo, si la coca no hubiera entrado a Europa y al país sin nombre que queda entre Méjico y Canadá, el problema de la cocaína nunca se hubiera desarrollado.
Es muy significativo que los “efectos terribles” de la cocaína, que justificaron la dación de las leyes contra la cocaína a comienzos del siglo XX, fueron consecuencia del imprudente uso de la droga por los médicos. A la fecha, la gran mayoría de muertes por cocaína han ocurrido en circunstancias médicas más bien que recreativas (Woods & Downs 1973; Ashley 1975; Grinspoon & Bakalar 1976).
En Estados Unidos se ha intentado resolver el problema de la cocaína mediante la legislación penal durante casi tres cuartos de siglo. ¿Qué se ha conseguido con ello?
El consumo de cocaína, mayormente en forma adulterada por vía intranasal, ha aumentado enormemente, y su precio -groseramente inflado- ha derivado enormes sumas de dinero a grupos que probablemente no tienen en mente los mejores intereses de la sociedad. La hoja de coca, la forma segura, natural de la droga, ha desaparecido del país (EEUU); los médicos la desconocen y no puede obtenerse ni para uso terapéutico. La investigación científica sobre cocaína ha sido mínima y sobre coca inexistente.
El uso recreativo de cocaína en EEUU está tan difundido y crece con tanta rapidez, especialmente en los sectores ricos de la sociedad, que la posibilidad de hacer que la droga desaparezca o que su disponibilidad se reduzca significativamente es muy pequeña. La cocaína ha llegado para quedarse, gracias a las actividades de farmacólogos y médicos del siglo XIX y los efectos directos de las leyes diseñadas para prohibir su uso.
Creo que todavía podemos hacer algo por salvar la situación, haciendo que la hoja de coca esté disponible como estimulante recreativo.
Desde hace algunos años, he venido investigando los usos de la coca entre los indígenas sudamericanos, principalmente en la Amazonía colombiana y los Andes peruanos. En el transcurso de reunirme y vivir con varios cientos de coqueros, no he visto instancia alguna de toxicidad a la coca ni caso alguno de dependencia a la coca, ni fisiológica ni psicológica. No desarrollan tolerancia al efecto de la coca, aun en el uso habitual, diario, a lo largo de muchos años y, ciertamente, no ocurre ningún síndrome de abstinencia al descontinuar súbitamente su uso. Tampoco he visto signos de deterioro físico atribuibles a la coca (Weil 1975).
Por supuesto, estoy familiarizado con la propaganda contra la coca que proviene de funcionarios no-indígenas de gobiernos sudamericanos y agencias internacionales de narcóticos. (Como ejemplo de este tipo de escrito, ver Granier-Doyeux [1962].) Esta propaganda incide en que los coqueros están mal nutridos y son improductivos. Mis observaciones, como las de otros con experiencia de primera mano viviendo con indígenas, son que el uso excesivo de coca, cuando ocurre, es resultado de la destitución social y económica más bien que su causa.
Aparte de su uso habitual como estimulante moderado, la coca goza de gran reputación como remedio en la medicina folclórica sudamericana. Está considerada como el mejor tratamiento contra los síntomas de la enfermedad de altura y un útil remedio para todas las condiciones dolorosas y espasmódicas del tracto gastrointestinal. Los indígenas también lo usan como tónico y restaurador general, especialmente para combatir la fatiga durante esfuerzos físicos. Creen que vigoriza y entona el cuerpo, prolonga la vida, aumenta la digestión y asimilación de los alimentos, promueve la higiene dental, y confiere resistencia a las enfermedades (Martin 1970, Mortimer 1974).
En Sudamérica tuve la oportunidad de prescribir coca como tratamiento para varias dolencias y me fue posible confirmar algunas de sus aplicaciones en la medicina folclórica. La hallé especialmente útil para aliviar síntomas gastrointestinales y como accesorio en programas de reducción de peso y bienestar físico. Al dar coca como remedio, le enseñé a los pacientes a chacchar como aprendí de los coqueros indígenas. A la mayoría de las personas les agradó el sabor de las hojas y la novedosa sensación de anestesia local tópica. No vi reacciones adversas. Pienso que la coca en forma de hoja integral es menos tóxica que muchas drogas que actualmente son de uso común y puede ser eficaz en una cantidad de enfermedades comunes. Me gustaría ver a los médicos norteamericanos interesados en la coca y experimentando con ella porque creo que sería una adición segura y útil a la farmacopea moderna (Weil en imprenta).
También espero que a la larga la coca esté disponible aquí (en EEUU) como droga recreativa, especialmente para quienes actualmente usan cocaína, anfetaminas y otros estimulantes que son más tóxicos y cuyo abuso es más alentado.
La hoja de coca tiene varias características que la hacen recomendable como estimulante recreativo. Tiene buen sabor, produce sensaciones inmediatamente perceptibles en la boca, y con facilidad se convierte en estímulo para elevados estados de conciencia que pueden ser usados productivamente. He sostenido que los elevados estados experimentados luego de ingerir drogas psicoactivas quedan latentes en el sistema nervioso humano sin ser efecto directo de las drogas (Weil 1972). Uno aprende a asociarlos con señales físicas que son efecto directo de las drogas, y esta asociación se forma más por expectativa que por farmacología. Se puede tener estados elevados de conciencia sin drogas (y quizá sean preferibles de esta manera), pero las drogas pueden ser útiles siempre que continúen siendo efectivas a lo largo del tiempo y no comprometan la salud ni la productividad.
La anestesia tópica de la coca es un cambio físico sorprendente que nos permite saber que algo nos está ocurriendo. Puede volverse una señal fuerte para el buen humor y sentimientos de energía física, especialmente porque el aura histórica y cultural de la coca alienta la expectativa de tales resultados. Aparte de la anestesia oral, los efectos farmacológicos de la coca son bastante sutiles. Quienes se acercan a la hoja sin expectativas pueden no sentir nada fuera de la boca. Esto acredita a la coca pues es más sano aprender a elevar nuestro estado de conciencia con drogas sutiles que con las fuertes.
El potencial de abuso de la coca es bajo en relación con la cocaína y muchas otras drogas comunes. Esto es así, en primer lugar, porque la concentración de compuestos activos en la hoja es pequeña y, en segundo lugar, porque la mejor manera de usar la coca –manteniendo un bolo de hojas en la boca en una solución alcalina y absorbiendo sus jugos por alrededor de una hora– asegura un aumento gradual de la cocaína en el flujo sanguíneo. La hoja de coca proporciona algunas vitaminas y minerales esenciales (Duke, Aulik & Plowman 1975). Además, chacchar implica mucho más trabajo que inhalar un polvo por la nariz o tragar una pastilla. Tener que trabajar para obtener el efecto reforzador de un estimulante es un resguardo contra su abuso.
Aunque a los forasteros que visitan las comunidades indígenas andinas puede llegar a gustarles chacchar en la forma tradicional, muchos gringos podrían no estar dispuestos a masticar un buen puñado de hojas secas, hacer un bolo manejable y mantenerlo en la boca en la forma requerida. Para ser una droga recreativa útil en nuestra sociedad, la coca tendría que estar disponible en una forma socialmente aceptable que conservara intacta la composición química de la hoja lo mismo que las características físicas que desalientan su abuso.
Los vinos y tónicos de coca del siglo XIX fallaron en tres cosas. Cambiaron la ruta de administración para peor: la coca que es simplemente tragada no tiene un efecto tan bueno como la coca que se retiene en la boca en solución alcalina. Hicieron que la droga fuera muy fácil y atractiva de usar, eliminando el requisito del trabajo impuesto por la hoja integral. Y combinaron la coca con alcohol, una droga mucho más fuerte y peligrosa. No estoy a favor de revivir dichos preparados.
La mejor solución al problema de cómo usar la coca en nuestra (EEUU) sociedad es una goma de mascar. Un extracto integral de coca, conteniendo todos los alcaloides en dosis estandarizadas, lo mismo que los sabores naturales, vitaminas y minerales, puede incorporarse a una base de goma sin azúcar junto a un álcali adecuado. La coca en forma de goma de mascar reproduciría muy aproximadamente el método tradicional de uso, incluyendo la necesidad de trabajar por un efecto reforzador; también sería aceptable para las personas de culturas modernas, industrializadas. Estoy trabajando actualmente con varios colegas en un producto así.
Como estimulante natural con bajo potencial de abuso que proporciona algunos factores nutricionales y que podría tener algunos efectos benéficos en el organismo, la coca integral puede serle útil a algunas personas. Puede servir como estímulo para la actividad física, como el excursionismo, correr y el atletismo, y podría motivar a los individuos con estas inclinaciones a desarrollar mejores hábitos de ejercicios. Puede ser una ayuda para la concentración y la actividad mental, como lo puede ser el café, aunque la coca no produce el temblor de la cafeína y es mucho mejor para el sistema digestivo. Puede proporcionar una útil interrupción al trabajo rutinario y, especialmente en compañía de amigos, ser ocasión para una amena interacción social. Usando el efecto para tales propósitos en lugar de simplemente sentirlo es una manera de construir buenas relaciones con la coca.
Durante demasiado tiempo hemos tratado de controlar las drogas mediante prohibiciones legales. Tales leyes no sólo han fracasado; han empeorado las cosas. En el caso de la coca, han sacado de circulación a la sustancia natural que con facilidad se presta a la formación de buenas relaciones, a la vez que estimulan constantemente el crecimiento de un mercado negro de cocaína, que es menos útil, más peligrosa y mucho más fácil de abusar.
Puede ya ser hora de intentar una acción positiva en vez de una negativa. Poner la hoja de coca a disposición, primero como agente terapéutico bajo prescripción médica, y luego como droga recreativa para quienes la quisieran, sería un paso positivo. Ayudaría a desplazar la carga del control del proceso legal al proceso social. Sólo los controles sociales son efectivos para modificar los patrones de uso de drogas, y dependen de una educación correcta y de la experiencia (Jacobson & Zinberg 1975). El control social del uso de drogas, en el que los patrones abusivos de consumo no se desarrollan simplemente porque la gente reconoce su inutilidad, no ocurrirá de la noche a la mañana, especialmente luego de tantos años de desinformación y legislación represiva. Pero no empezará a darse hasta que suministremos a quienes quieran usar drogas con formas de ellas que puedan ser usadas constructivamente.
La historia de la interacción de la cultura occidental con la coca, desde la conquista española del Perú hasta la explosión contemporánea del uso de cocaína en EEUU es un tema de estudio fascinante. Muestra claramente cómo nos hemos equivocado en nuestra relación con los obsequios farmacológicos de la Naturaleza y nos recuerda una y otra vez que el abuso de drogas no es inherente a las sustancias sino más bien a las formas en que las entendemos y lo que hacemos con ellas. Si nos hubiésemos dedicado concientemente a meternos en un lío colosal con la coca no podríamos haberlo hecho mejor. El proceso ha sido uno de incesante necedad y casi de fracaso premeditado por ver nuestro error. Si queremos revertirlo, después de tanto tiempo, debemos regresar al comienzo mismo y tratar de comprender a la sustancia natural, la hoja de coca en sí, que los Incas decían había sido enviada del cielo para mejorar nuestras vidas.
Referencias
Andrews, G. & Solomon, D. 1975. Pp. 38-42; 243-246, en: The Coca Leaf and Cocaine Papers. New York; Harcourt, Brace & Jovanovich.
Ashley, R. Pp. 18-53; 54-81; 164-165, en: Cocaine: Its History, Uses and Effects. New York: St. Martin's Press.
Becker, H.K. 1963. Carl Koller y cocaína. Psychoanalytic Quart. Vol. 32; 309-373.
Duke, J.A.; Aulik, D. & Plowman, T. 1975. Valor nutricional de la coca. Bot. Mus. Leafl., Harvard Univ. Vol. 24: 113-119.
Granier-Doyeux, M. 1962. Algunos aspectos sociológicos del problema de la cocaína. Bull. Narc. Vol. 14: 1-16.
Grinspoon, L. & Bakalar, J.B. 1976. Pp. 9-19; 21-44; 111-115, en: Cocaine. New York: Basic Books.
Groff, J. Ago-Set, 1975. La era dorada del vino de cocaína. High Times No. 5: 31-34.
Jacobson, R. & Zinberg, N.E. 1975. The Social Basis of Drug Abuse Prevention. Washington, DC: Concejo de Abuso de Drogas.
Mariani, A. 1896. Jaros, J. (Trans.). Coca and Its Therapeutic Applications. New York. (Original 1888.)
Martin, R.T. 1970. El rol de la coca en la historia, religión, y medicina de los Indígenas Sudamericanos. Econ. Bot Vol. 24. 422-438.
Mortimer, W.G. 1974. History of Coca. San Francisco: And/Or Press. (Original 1901.)
Weil, A.T. 1972. The Natural Mind. A New Way of Looking at Drugs and the Higher Consciousness. Boston: Houghton Mifflin.
Weil, A.T. 1975. La Verde y la Blanca. J. Psyched. Drugs Vol. 7: 401-413.
Weil, A,T. Coca Leaf as a Therapeutic Agent. (en imprenta).
Woods, J.H. & Downs, D.A. 1973. La psicofarmacología de la cocaína. Technical Papers of the 2nd Report of the National Commission on Marihuana and Drug Abuse. Vol 1: Appendix. Washington, D.C.: Oficina de Impresión del Gobierno de EEUU.
Añadir comentario
, leí atentamente tu artículo, y aunque no lo he podido terminar, puedo decirte que estoy muy complacida de haberlo encontrado, y lo voy a guardar. Soy una bióloga peruana, he trabajado mucho en la selva y ahora me han propuesto trabajar en los andes, cosa más nóvedosa pero igualmente interesante para mi.Como he visto que estar trabajando con algunos pacientes sobre el efecto positivo y energizante de la hoja de coca, yo quería contarte mi experiencia.
gracias y nos vemos




















