lunes, 19 de diciembre de 2005
Coca y Corrupción
La corrupción se ha convertido casi en un mecanismo de funcionamiento del sistema criollo-capitalista en varios países latinoamericanos y ello cala, no sólo a nivel estructural, sino también en la vida cotidiana. Así como se realizan lobbies pagando coimas para que los congresistas aprueben leyes que favorezcan a determinadas empresas, por ejemplo, también los propios ciudadanos nos hemos acostumbrado a “comprarle una coca-colita” al trabajador de alguna institución pública para que nos “agilice” nuestros trámites.
La corrupción, entonces, no es “un fruto” de alguna plantita, como nos quieren hacer creer. La corrupción es un fenómeno cultural, que puede llegar a grandes proporciones cuando se trata de un poder económico y/o político importante. Un ejemplo de esos poderes son los gobiernos estadounidense y los de los países productores de hoja de coca.
La hoja de coca contiene otros 13 alcaloides aparte de la cocaína, además de las vitaminas, minerales, calcio, proteínas y otros nutrientes. Para la elaboración del clorhidrato de cocaína sólo se extrae la cocaína (que es tan poca en cada hoja, que se necesitan miles de hojas para lograr una cantidad suficiente de cocaína) y se mezcla con otros elementos, como el ácido sulfúrico, ácido clorhídrico, kerosene, etc. Entonces, la hoja de coca puede tener diversos usos, no sólo el de elaboración de droga, al igual que los otros elementos que integran el clorhidrato de cocaína. ¿Por qué entonces se prohíbe y se persigue la hoja de coca y no el resto de ingredientes que ingresan a las pozas de maceración? Simplemente porque la hoja de coca constituye un gran potencial para la industria medicinal y nutricional, y sólo crece en nuestras tierras. La hoja de coca podría convertirse en un “cultivo de bandera” que ayude a sacar a miles de campesinos de la pobreza. El problema para los gobiernos mafiosos es que, si esto sucede, el narcotráfico ya no sería una actividad rentable.
Sí, nuestros gobiernos están fuertemente relacionados al narcotráfico. Ahí están los testimonios de “el Vaticano” para demostrar sus vínculos con Montesinos (protegido, hasta que ya no se pudo más, por la CIA) y, el caso más escandaloso, los testimonios que aseguran que Zevallos regalaba pasajes a varios políticos durante sus campañas electorales, inclusive. Asimismo, como en la época de Capone, Estados Unidos prohibió el alcohol para favorecer el enriquecimiento de la mafia, ahora prohíbe la hoja de coca con el argumento de que así derrotarán al narcotráfico. Qué paradójico: atacar al narcotráfico prohibiendo sólo uno de los ingredientes de la droga (que, sin embargo, es utilizado por el producto de bandera gringo: La Coca Cola) y sin hacer nada por reducir la demanda tan creciente en ese país.
La corrupción, entonces, es un fenómeno inherente al poder económico y político que, a lo largo de la historia, ha ido valiéndose de diversas formas de crear sus mafias. Esta vez, la hoja de coca es una víctima de estos poderes y, con ella, los cultivadores pobres y nosotros, que no podemos favorecernos del potencial alimenticio que esta hoja contiene.
Los productos que elaboramos en base a la hoja de coca constituyen un acto político de desenmascaramiento de la gran mentira que se fabrica alrededor de ella desde los agentes corruptos y mafiosos de nuestros Estados y del gringo. Un queque, una galleta, hechos en base a hoja de coca, te alimenta y no te droga, como dicen ellos.
¡¡Pruébalos ... y Compruébalo!!
La Coca Loca Company













